A la última clase de Teoría de la Traducción vino un traductor e intérprete amigo de la profesora, que había hecho una pequeña investigación sobre las notas de los traductores y nos habló del tema. Ciertamente, se trata de un elemento importante en una traducción, puesto que se trata de acercar una cultura a un lector ajeno a ella. Este traductor, reflexionando sobre ello, decidió realizar un recuento de notas del traductor en un número determinado de libros (literatura, no técnicos) traducidos al griego, en base a los criterios de notas a pie de página, notas finales y ausencia de notas. Por supuesto, como nos dijo al introducirnos el tema, hay otras dos formas de introducir explicaciones para el lector de la cultura meta: la primera es redactar un prólogo a la edición traducida y la segunda consiste en añadir aposiciones o paréntesis dentro del mismo texto, si se trata de algo de fácil explicación, para no interrumpir la lectura.
La charla resultó muy interesante, sobre todo para mis compañeros, que son todos filólogos de formación y nunca se han enfrentado a este asunto; pero también para mí, pues en la carrera no me habían hablado específicamente de ello. Además, nos dijo que si nos interesaba el tema podíamos escribirle para que nos enviase el trabajo entero, con todos los ejemplos y datos. Muy amable.
Cuando acabó la clase, le comenté (porque creía recordarlo) que en otoño había asistido a una conferencia de una española que habló sobre física cuántica (hablé de ello en Ουρανία), y me dijo que, en efecto, él había sido el intérprete; añadió que no suele hacer muchas interpretaciones, que lo hace más que nada porque pagan bien y que prefiere traducir (sus lenguas de trabajo, nos dijo, son el español y el portugués, principalmente).
Por cierto, cuando nos presentamos todos y le dijimos nuestras ciudades de origen, a mí me preguntó si había estudiado con Vicente y compañía. Traía un ejemplar de Traducir al otro, traducir a Grecia, editado por Ιωάννα. Así da gusto.
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