martes, 9 de junio de 2015

Αθηνά Πολιάς

La semana pasada fuimos a Rodas. Ya tenía yo ganas de volver para verla un poco mejor, porque la otra vez, con el seminario, estábamos mucho tiempo en la casa y no podíamos salir a hacer turismo.

El primer día, cuando llegamos por la tarde, fuimos a Rodas ciudad y dimos una vuelta por las murallas medievales , que son enormes, larguísimas y preciosas. Por la noche cogimos un bus de la KTEL que nos llevó hasta Afandu [Αφάνδου], en la costa este, desde donde fuimos a Psinzos [Ψίνθος] a pasar la noche. A la mañana siguiente volvimos a coger el bus de la KTEL desde Afandu hasta Lindos. Estaba tal como yo lo recordaba, aunque, al igual que Rodas ciudad, con infinitamente menos turistas, a pesar de ser ya temporada alta; pero como agosto no hay nada. Dimos una vuelta por el pueblo, que es muy pintoresco, y subimos a la acrópolis, de nuevo al mediodía. No me libro, oye. Al bajar (ya comidos, pues hicimos un pseudopicnic arriba en la acrópolis) fuimos a la pequeña y recogida playa en la que me había bañado también la otra vez hasta que se fue un poco el sol y empezó a soplar una pequeña brisa que nos echó.

Las almenas (posteriores) de la acrópolis, desde la subida

Lindos desde arriba


La playa de Lindos desde la acrópolis (tuve que hacer dos fotos y las he unido de manera cutre, lo sé).
A la derecha del todo se puede ver la tumba de Cleóbulo.

Después de refrescarnos en la playa echamos a andar hasta la tumba de Cleóbulo de Lindos, poeta del siglo VI a. C. y uno de los siete sabios de Grecia





Al día siguiente volvimos a Rodas ciudad, esta vez para verla más a fondo. En primer lugar visitamos el Palacio del Gran Maestre de los Caballeros de Rodas, una imponente fortaleza del siglo XIV que consta de un amplio patio central rodeado de un pórtico con bóveda de arista (toda Rodas está llena de bóvedas y arcos) al que dan las ventanas de las habitaciones del interior. La planta de abajo es un museo con diferentes objetos e información sobre los años en que la Orden de los Hospitalarios estaba instalada en la isla. En el piso superior han conservado las habitaciones donde vivían los Caballeros, o más bien, posteriormente, el rey Víctor Manuel III de Italia y Benito Mussolini, que lo restauraron y lo usaron como residencia durante el siglo XX.

Una copia fidedigna del Laocoonte y sus hijos, cuyo original está en los Museos Vaticanos de Roma, pero de alguna manera hace bien en estar ahí, pues sus tres escultores eran de Rodas. El brazo es mío.

El patio interior del palacio, con esculturas romanas en los vanos del fondo

Detalle del pórtico abovedado

Detalle de la entrada, imponente




Al salir del palacio, como nos daba tiempo, fuimos también al Museo Arqueológico de Rodas. Se trata de otro edificio histórico: el gran hospital de los Caballeros, cuya construcción empezó en 1440 y duró cuarenta y nueve años. Presenta también un patio central, aunque no tan grandioso como el del palacio, rodeado por un pórtico abovedado. Su colección permanente abarca desde la Prehistoria, pasando por los periodos arcaico y clásico, hasta la turcocracia (los objetos del periodo medieval y bizantino se encuentran en su mayoría en el Palacio del Gran Maestre). El jardín, lleno de fuentes y plantas, es un lugar bellísimo y fresquito donde sentarse a descansar un rato y recuperar la calma que nos arrebata el hacer turismo.


Mosaico dentro del pórtico del jardín


Paseando por el jardín del museo

Basa de una columna con forma de serpiente enroscada


Patio central del edificio, con su león sentado
y los proyectiles de catapulta que decoran roda la ciudad vieja

Detalle del pórtico abovedado del patio del museo


Antes de que se terminara de esconder el sol, fuimos dando un paseo hasta el puerto de Mandraki, en el lado este de la ciudad, donde encontramos las conocidas columnas erigidas con un ciervo y una cierva encima, en el lugar donde supuestamente estaba el Coloso, con una pierna a cada lado del puerto.



La cierva

El ciervo, enfrente

La única forma de hacernos una foto de los dos cerca de la cierva


Al día siguiente, por fin, fuimos a la acrópolis de Rodas, situada en un promontorio llamado Monte Smith. Consta de un templo, según unas versiones dedicado a Apolo y según otras consagrado a Atenea Polias y Zeus Polieo, un estadio y un teatro, además de otros edificios que ahora solo se intuyen: cuatro ninfeos, una estoa, una biblioteca, una palestra y un artemisio para el culto a Ártemis.


El estadio



Tras la excursión a la acrópolis decidimos darnos un baño en el mar para refrescarnos un poco y poder continuar nuestra exploración de la ciudad. Por la tarde dimos una vuelta más por la ciudad medieval, igual que el día siguiente por la mañana, por última vez, cuando para hacer tiempo hasta la hora de ir al aeropuerto nos sentamos en el maravilloso jardín del Museo Arqueológico.


Vista de la Puerta de la Libertad. A la izquierda está la Pinacoteca de Rodas.





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