miércoles, 6 de enero de 2016

Τελεσφόρος

Telésforo es el hijo de Asclepio, el dios de la medicina, y simboliza la convalecencia, la recuperación de la enfermedad. Yo estoy convaleciente de la muela del juicio, o más bien de su ausencia. Empiezo por el principio.

Como la muela del juicio suele empezar a crecer y detenerse a medias, se me había formado un recoveco un tanto peligroso al quedar ésta aún parcialmente tapada por la encía, y llevaba varios días notando una leve molestia en esa zona. Pensando que pudiera ser una caries por la dificultad que presentaba al acceso de un cepillo de dientes, se lo comenté a la familia y me dieron el teléfono de un dentista de Caterini que por lo visto era conocido suyo. El lunes por la mañana me dijo por teléfono que podía verme ese mismo mediodía, y en cuanto abrí la boca me explicó que el dolor era causado por la falta de espacio: la muela quería crecer en un lugar donde no cabía, de modo que había que sacarla. «¿Quieres ahora, ya que estás aquí?» «Bueno, ¿por qué no?».

Todos sabemos que la extracción de una muela del juicio no es igual a la de otras muelas. Las otras muelas se sacan porque están enfermas, con lo cual son más débiles y están más despegadas o incluso rotas. Las del juicio están completamente sanas, por lo que se requiere mucha más fuerza; la mía era además grandísima, y según oí comentar al dentista llegaba hasta el hueso de la mandíbula. Tuvo que hacerle un par de muescas a los lados para poder agarrarla y tirar, y se tuvo que poner casi encima de mí para encontrar un ángulo desde donde poder hacer fuerza. Tras un forcejeo que me pareció interminable, me ofreció a mi retoño, sin olvidar indicarme que estaba rodeado de bacterias listas para infectarse. Luego en casa, como no sabía con qué quitarle ese color rojo brillante, la metí en lejía pura durante horas y se le quedó un tono de blanco que no se ve todos los días. Deberían llamarlo blanco lejía.

Total, que salgo de la consulta corriendo porque en diez minutos cerraban la farmacia de debajo, compro por señas los analgésicos de la receta y vuelvo a buscar a Γιώργος, que había aprovechado la excursión a Caterini para quedar con una amiga.

—:(
¿Qué te ha dicho?
—[Gesto de kaputt]
¡¿Te la ha sacado?!
—:(

Como el padre de Γιώργος también había bajado a Caterini por la mañana, lo llamamos (es un decir) por teléfono para preguntarle si volvíamos todos juntos en el coche. Ahí empezó a dejar de hacer efecto la anestesia y me dolía horrores, además de sangrar como un pollo sin cabeza. Tras una hora en casa del tío de Γιώργος (el concepto de pasarse a saludar no está muy perfeccionado en Grecia) durante la que me quise morir allí mismo, por fin nos fuimos. A dos calles el padre paró en doble fila a comprar pan. O más bien paró en doble fila en una calle y se fue a por el pan al quinto pino. En esto que vemos venir por detrás un camión de la basura, y como no podía pasar por ser más ancho que un coche normal iba a formarse una cola del copón detrás de nosotros. Γιώργος sale del coche con toda su buena intención llamando a su padre al móvil, y a mí no se me ocurre otra cosa que mirar al volante: había dejado las llaves puestas. Me paso al asiento del conductor desde atrás, arranco y avanzo. Γιώργος, que de repente ha visto que el coche se mueve, le cuelga a su padre, se me monta al lado y me empieza a decir adónde tengo que ir. Y el camión detrás. Dimos dos vueltas a toda la manzana, con el ayuntamiento y su plaza incluidos, en primera y sin ajustar asientos ni espejos. Y hablando con la muela del juicio sangrando y doliendo. Y luego ni siquiera se lo pude contar a la familia porque no podía hablar.

Γιώργος tiene que volver al cuartel el domingo, y mañana nos vamos a Salónica. Podríamos habernos ido ayer, o esta mañana, pues los miércoles hay mercadillo y yo no tengo nada en casa, pero su madre insistió en que nos quedáramos ayer y luego me explicó que hoy es 6 de enero y es fiesta, así que en toda Grecia no hay mercadillo. Estaremos en mi casa desde el jueves hasta el sábado y aprovecharemos para relajarnos con la tranquilidad que nos aportará la soledad. Y a lo mejor salimos alguna que otra noche a tomar una cerveza.

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