viernes, 27 de marzo de 2015

Ήρα

Hace dos semanas, justo después de volver de Samos, llegaron mis padres de visita. El plan turístico, creado por mí, nos permitió enseñarles los monumentos y museos más importantes de Atenas:

El día en que llegaron era jueves, que es cuando el museo Μπενάκη es gratis y abre hasta la medianoche, así que, después de recogerlos, llevarlos al hotel a que dejasen las cosas y sentarnos los cuatro a tomar un café como buenos griegos, nos fuimos dando un paseo. Lo bueno que tiene este museo es que su colección recorre toda la historia de Grecia, desde la prehistoria hasta el siglo XX, con lo cual el visitante se lleva una idea general bastante completa, y luego puede ampliarla con otros museos como el Arqueológico.

Al salir del museo dimos una vuelta por Πλάκα y fuimos a cenar a un restaurante junto a Μοναστηράκι: cerveza griega (AΛΦΑ), πιτόγυρο, χωριάτικη σαλάτα...

El viernes por la mañana, como yo tenía clase en la fundación, los mandé con Γιώργος al Museo Arqueológico Nacional. La noche anterior les expliqué cómo llegar desde su hotel y todo. No tenía pérdida. Y, efectivamente, no se perdieron. Cuando volví de clase, como estaba acordado, me estaban esperando los tres en casa al lado de la estufa (les había pillado toda la lluvia en el camino). Cocinamos, comimos, café, siesta y conversaciones varias. Nos dieron las tantas.

El sábado visitamos el Museo de la Guerra, el favorito de Γιώργος y de mi padre. Pasamos toda la mañana viendo mapas, ejércitos, maquetas de murallas, bustos y espadas. Como enanos. Al terminar fuimos al mercado de la calle Αθηνάς, caminando desde el museo para pasar por la calle Πανεπιστημίου y que vieran la Academia de Atenas y la Biblioteca Nacional. En el mercado compramos kilos y kilos de carne y gramos y gramos de frutos secos. De camino a casa, pasamos además por la panadería y compramos dulces griegos para el café de después de comer. Tan ricamente.

Por la tarde fuimos los tres de paseo por las tiendas de Μοναστηράκι y compramos recuerdos para toda la familia.

La mañana del domingo la dedicamos a la época clásica. Subimos a la Acrópolis, coronamos el Areópago y recorrimos el ágora, con su templo de Hefesto y su estoa de Atalo. Al salir los subí en el metro y los traje a comer al lado de casa, a un sitio donde ponen comidas caseras. Μουσακάς,  un pescado de cuyo nombre no quiero acordarme, χωριάατικη σαλάτα, cerveza ΑΛΦΑ y hasta unas copitas de mousse a las que invitó la casa. Y, como estábamos al lado de casa, subimos a tomar el café con dulces griegos.

Después del reposo de rigor tocaba el Museo de la Acrópolis. Nos lo recorrimos por lo menos cinco veces. En plan tranqui.

El lunes, como Atenas se nos había quedado ya pequeña, alquilamos un coche y fuimos a ver Micenas, Nauplia y Epidauro. El almuerzo en Nauplia, en una taberna, fue delicioso. Pescado, pulpo, unas gambitas y una ensalada. El mejor pescado que hemos comido en mucho tiempo, y éramos tres malagueños y medio.

Yacimiento de Micenas.

Una gruta en Micenas.

Flora de Micenas.
El martes por la mañana no hicimos gran cosa porque les entró la agonía de que tenían que coger el autobús hasta el aeropuerto, que tardaba mucho, que tenían que llegar con tiempo al aeropuerto y lo de siempre. Pero el paseíto desde el hotel hasta Σίνταγμα no nos lo quita nadie.

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