viernes, 27 de marzo de 2015

Άτροπος

He decidido contar en un capítulo aparte un episodio del viaje a Samos que, junto con lo de que se alargó un poco-demasiado, las clases que me estaba perdiendo, lo de que no había llamado al otro para revisar la traducción y el favor que le tenía que hacer a la polaca, contribuyó a que no disfrutara completamente de las vacaciones. Pero fue un viaje genial y me lo pasé muy bien, no lo niego.

Resulta que un día antes de irnos a Samos mis padres recibieron la notificación de que me habían nombrado presidenta de mesa electoral para las elecciones andaluzas. Curiosamente, en las anteriores elecciones andaluzas, las de 2012, cuando estaba de Séneca en Madrid, también me habían nombrado suplente. Aquella vez tuve que enviar por fax un escrito de mi puño y letra diciendo que no podía ir por estar estudiando fuera, junto con documentos que lo acreditasen. Metí el contrato de alquiler, la matrícula de la UAM, la de griego de la escuela de idiomas... Solo me faltó meter un ticket del Mercadona de mi barrio para demostrar que también hacía la compra en Madrid. Pero el caso es que esta vez habría tenido que enviar todo eso traducido del griego, traducido oficialmente, y el plazo para presentar alegaciones es de una semana. Y aunque fuera de dos meses, ¡me iba a Samos!

Mi padre tampoco ayudó. Me dijo el jueves, cuando llegó el aviso, que iría al día siguiente a preguntar a la oficina del censo electoral. Yo tenía clase, pero como tenía el portátil pude leer su correo; me decía que enviara el fax. Gracias. Yo le había dicho que preguntara si en la embajada me podían ayudar, ya que había ido a inscribirme allí como «no residente» (= temporal) unas semanas antes para poder votar por correo. Su respuesta al respecto fue que no le habían dicho nada de la embajada, pero que fuera a preguntar por si acaso. ¡A ver, que es viernes, salgo de clase a la una del mediodía y a las cuatro sale el barco! Un poco de concreción.

En vez de salir de clase e ir a casa a hacer la mochila, porque tampoco la había hecho por razones que no vienen al caso, tuve que salir corriendo a la embajada a preguntar. Para qué fui.

Mira, me ha pasado esto, y encima en un par de horas me voy de viaje a Samos. ¿Qué puedo hacer, ya que estoy inscrita aquí como no residente?
—Nosotros necesitamos la notificación que te ha llegado, ¿te la han mandado aquí a Atenas?
—No, a mi casa de Málaga —estoy como no residente, sigo censada allí, ¿no escuchas?—.
—Es que para mandar a la oficina del censo el documento que acredita que estás aquí necesitamos esa notificación, para expedir nuestro documento como contestación, ¿entiendes? Entonces que lo escaneen tus padres y nos lo traes, o en este caso nos lo envías desde Samos por mail,  ya que te vas, porque si esperamos a que llegue desde Málaga por correo postal... Y ya nosotros hacemos ese documento.
—Vale, y después de mandaros por mail la notificación, ¿tengo que hacer algo más, o ya vosotros os encargáis? ¿Me puedo ir a Samos tranquila? Si tengo que hacer algo más, no me voy...
—No, no, es solamente eso, tú nos envías la notificación escaneada y nosotros ya nos ponemos en contacto con la oficina del censo electoral.

Como era (ya) viernes por la tarde, con el fin de semana no se podía hacer nada, así que me centré en volver corriendo a casa, hacer la mochila (no almorcé porque había desayunado fuerte en el descanso de la clase y con las prisas hasta se me había revuelto. Tampoco me habría dado tiempo si hubiera tenido hambre) y salir corriendo para el Pireo a coger el barco. Como dije, llegamos a las dos de la madrugada, así que cuando pude hablar con mi casa fue ya el sábado por la tarde. Le dije a mi padre lo que me habían dicho en la embajada, que parecía mucho más fácil que ponerse a enviar faxes, incluso sin haber buscado una traducción griego-español urgente, y le dije que le iba a mandar a Anto a escanear el dichoso papelito (no vayamos a esperar que en mi casa sepan siquiera cómo encender el escáner), que ella los llamaría para avisar de cuándo iba.

Cuando se lo dije, me contestó que el domingo no podía, que iría el lunes. Por la tarde, le dije, que por la mañana no habrá nadie. Aún estaremos dentro del plazo. El desajuste fue que mi padre, sin esperar a que Anto llamase, cogió el lunes por la mañana y llevó el papel al trabajo de mi primo para que él se lo hiciera. Me llamó y todo a mediodía por teléfono para decirme que me lo había enviado. Por cierto, las comunicaciones las hacía desde el tablet de marca blanca de Γιώργος, con unos por Skype (sin cámara) y con la otra por privados de Twitter. Y ahí miraba también mi correo. En fin, tuve que avisar a Anto de que no fuera a mi casa, ella estaba yendo en ese momento (por suerte tenía que hacer más cosas y no había salido en vano de su casa) y yo busqué el correo electrónico de la embajada en su sitio web. Había dos. Decidí levantarme temprano al día siguiente para llamar por teléfono y preguntar a qué dirección tenía que mandarlo, no fuera a llegar a una que no abren o que abre alguien que no lleva esos asuntos.

Pues al día siguiente, martes, con el pdf adjuntado y el mail preparado para enviarlo, llamé a la Ilustrísima y Magnifiquísima Embajada de España en Atenas y me pasaron con la funcionaria que me dijo el viernes todo aquello, y que se acordaba de mí:

—Mira, que tengo lista la notificación escaneada para enviarla y...
—Ah, muy bien, pues mira, necesito que me envíes además: una fotocopia de tu DNI y un escrito hecho a mano por ti en el que digas que nos solicitas a nosotros, a la Embajada, que expidamos un documento que acredite que tú estás aquí inscrita como no residente y por tanto no puedes estar en la mesa electoral.

Se me quitó el sueño del madrugón de golpe.

—Y entonces ya nosotros lo expedimos, porque sin que tú nos lo pidas oficialmente no podemos expedirlo, y luego tienes que venir tú a recogerlo, porque nosotros con la oficina electoral no podemos contactar, eso tienes que hacerlo tú, les tienes que mandar por fax el documento que te daremos.

No daba crédito.

—O____O Pero... Es que estoy todavía en Samos...
—Sí, pero vamos, ya cuando vuelvas tranquilamente te pasas por aquí y lo recoges. Porque eso ¿qué plazo tiene? —pues si no lo sabes tú, funcionaria de embajada, ni que fuera la primera vez que te viene alguien con este problema.
—Una semana, y llegó el jueves a mi casa.
—Ahm, ya, una semana, uy, pues estamos ahí justo, ¿eh?, jejeje.
—...
—Bueno, tú lo envías cuando llegues y allí verán la fecha, como lo vamos a expedir con fecha de hoy, que está dentro del plazo, no creo que pase nada, 

No, no pasa nada, por eso el único modo que permiten para hacer esto es el fax, para que llegue en el acto, pero no pasa nada, ¿verdad, lumbreras?

—Y es que ni siquiera hay barco hasta el viernes, si quisiera ir corriendo no podría. ¿Y si os mando a alguien a que vaya a recoger el documento por mí?
—Ah, eso sí, claro, que lo recoja y lo envíe por fax y ya te quedas tranquila.
—Vale, entonces os envío todo eso por mail y le digo a esta persona que vaya a buscarlo. ¿El mail cuál es?

Y me lo dijo mal, pero supe distinguir a cuál se refería de los dos que yo había encontrado.

Tuve que salir corriendo a buscar una copistería en la que también escaneasen documentos (y antes de eso tuve que hacerme con un pen, porque no tenía, pero Γιώργος tenía su mp3), pedirles un folio y un boli, escribir aquello y dárselo junto con el DNI para que me lo escanearan. Luego fuimos a tomar café los dos con el amigo, (yo no me pedí un café porque ya estaba bastante despierta, de hecho cada vez estaba más alterada). Antes de salir a buscar la copistería había llamado a la secretaria de la fundación para que me diera el teléfono del otro español, pero no me lo cogió, y al llamarla a su móvil personal me dijo que no estaba en la fundación en ese momento y que iría sobre la una. Yo necesitaba llamar a Juan para que me confirmara que podía ir y enviar el mail a la embajada diciéndoles «os envío las tres cosas escaneadas, mañana irá a recogerlo la persona tal». Y me urgía un poquillo enviarlo antes de que cerraran ese día, a las dos de la tarde, para que expidieran el documento de una vez y estuviera listo para Juan. Hice tiempo en la cafetería, charlando tranquilamente, y cuando pasaban unos minutos de la una volví a llamar a la secretaria, que acababa de llegar a la fundación, y me dio el teléfono de Juan. El español, porque no se ha hecho uno griego. ¿Para qué?

Justo al marcar ya me estaba diciendo que me quedaban cinco minutos de saldo. Claro, todo el rato hablando con el fijo de la embajada... Cinco minutos para un número griego, no sé cuánto hubiera podido hablar con Juan. Tuve que llamar con el de Γιώργος. Le pedí a Juan que me hiciera el favor, para no ir a la cárcel, y él me confirmó que iría el miércoles después de la clase de griego. Le dije que le enviaría el fax y todo. Al final le envié el pdf directamente, el que había escaneado mi primo, porque también venía el horario (no fuera a enviarlo cuando estuviera cerrado y no lo cogiera nadie o algo, no sé cómo funciona), y por no copiarlo con el tablet, que no me gustan las pantallas táctiles.

Justo después de colgarle a Juan fui a enviar por fin el mail a la embajada con el wifi de la cafetería, pero el tablet no se conectaba, así que tuve que volver a salir corriendo a la casa del amigo para enviarlo desde allí. Eran más de las dos y no sé cuándo expidieron al final el maldito documento, pero en cualquier caso Juan me mandó un mensaje el miércoles por la tarde diciéndome que había enviado el fax. Mi padre, que estaba empeñado en ir a preguntar personalmente si había llegado, no hacía más que escribirme correos para que le dijera cuándo ir. El jueves me confirmó que había llegado.



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