martes, 8 de diciembre de 2015

Αλκή

El viernes fue la jura de bandera de Γιώργος. Hicimos lo mismo que la última vez: bus hasta Caterini y desde allí en coche hasta Grevená con los tíos de Γιώργος. Solo que esta vez había una diferencia: se vino Roberto con nosotros, porque le hacía ilusión (y tenía curiosidad también) ver una jura de bandera de la mili griega, algo que de su país no verá nunca ya, y porque quería quedarse luego en el pueblo y ver cómo vivimos.

La verdad es que me impresionó ver la jura de bandera. No sé si en España era parecida, supongo que sí, pero el solo anacronismo me provocó una sensación extraña. Cuando llegamos estaban todos (los 350) en formación, como hoplitas en la falange. Por los megáfonos sonaba una marcha militar y la voz de algún superior que les daba las instrucciones (firmes, descansen, ar, firmes, ar, descansen, firmes, descansen, firmes, descansen, ar, ar, descansen, descansen) y les dictó el juramento que debían pronunciar con la mano extendida. Antes del juramento habló, o salmeó con el característico modo griego, el obispo de Grevená, para lo cual la voz en off ordenó a los jurandos que se descubrieran la cabeza, y que se la volvieran a cubrir cuando terminó su intervención. Excepto en este momento, los pobres se pasaron todo el rato dando patadas al suelo.

No tienen ni los puños cerrados ni las manos abiertas con la palma hacia abajo; es un gesto religioso.
Fuente: efsyn.gr

Cuando terminó la jura de bandera, con un desfile de los nuevos graduados, Γιώργος recogió sus cosas y nos fuimos todos al pueblo, donde pasamos la noche y Roberto conoció la maravillosa y deliciosa cocina de la tía Χαρούλα, y al día siguiente volvimos a Salónica. Fuimos los tres a mi casa, almorzamos (Roberto había traído algunos víveres el día anterior a la jura, que durmió en mi casa para ir juntos a la estación de autobuses) y fuimos al centro a dar una vuelta y tomar un café.

Los siguientes días, hasta hoy, hicimos de nuevo como la última vez: en esta ocasión, entre paseos y vueltas (¡y lavadoras!), vimos el Museo de la Lucha Macedónica y el Museo Judío de Salónica, a cual más interesante. Hoy al mediodía hemos ido otra vez a la estación de autobuses que tan bien conozco ya y Γιώργος ha vuelto a abandonarme para irse a Grevená. Cuando llegue le dirán cuál es su nuevo destino, donde servirá ya hasta el final de la mili o hasta nuevo aviso, y llevarán a cada uno a su nuevo cuartel en las camionetas militares que vemos en las películas.

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