Ya está, ya se ha ido. Γιώργος ha empezado la mili. Aquello que al principio parecía tan incierto, más tarde tan lejano y al final tan increíble se ha hecho realidad esta mañana. Pero empecemos por el principio, no nos amarguemos ya desde el principio de la entrada.
Llegué, vi y me mudé. O lo que sea. La dueña se presentó con sus dos hijas, de unos ocho y tres años. La mayor no hablaba mucho, pero la pequeña no hacía más que gritar, correr, pedir abrazos, repetir mal mi nombre, querer cogerlo todo... Qué rica. Me llamaba «Liulía». Cuando su madre consiguió explicármelo todo, me dejó en mi nueva casa junto con un montón considerable de polvo acumulado, de no vivir nadie. Así que bajé al minimarket y compré lejía, lavavajillas, detergente, lejía friegasuelos y estropajos. Y llegué, vi y limpié. Mejor lo dejo ya, no sea que se gaste.
Así hasta el miércoles por la tarde, cuando llegó Γιώργος. Para entonces conseguí tenerlo todo medianamente limpio. Eso sí, de tanta lejía las manos se me habían despellejado enteritas. La palma entera, con sus cinco dedos. Y salimos a dar la primera vuelta: tó p'arriba hacia Sikiés, hacia el este, y acabar en Ayíu Dimitríu para volver a subir.
Otra de las excursiones que hicimos consistió en llegar caminando desde mi casa hasta Calamariá, en la otra punta. De hecho, nos pasamos de Calamariá y llegamos al siguiente pueblo, pero como es todo continuo no nos dimos ni cuenta. Nos faltó la excursión de recorrer las murallas de la parte alta, al lado de mi casa, pero como también tuvimos que dejar tiempo para las compras no nos dio tiempo y la aplazamos para la siguiente vez.
El sábado, por supuesto, invitamos a Roberto a comer y celebramos la inauguración oficial de mi casa. Por supuesto, como mediterráneos que somos, la fiesta de inauguración duró hasta la hora de la cena. Lo pasamos muy bien, y hasta tomamos té con gengibre que nos trajo Roberto.
Por cierto, que gracias a los medios españoles estuve una semana sin dinero recién mudada y con un montón de cosas que comprar. Menos mal que vino Γιώργος y tenía algo para prestarme. Me explico: Hasta el verano, la plataforma de ATresMedia no era de pago, así que veíamos por internet los programas de La Sexta (Salvados, En el aire, El objetivo), tanto en directo como grabados, y nos manteníamos informados. Así nos informamos de la imposición del corralito y del límite diario de 60 euros. Además, era justo cuando yo acabé las clases; si hubiera querido irme, no habría podido: estaba atrapada en Grecia. El caso es que, cuando cambiaron el límite de 60 euros diarios a 420 semanales, lo explicaron con el concepto de «acumulativos», es decir, puedo sacar 60 euros cada día, como antes, solo que si un día no los saco, al día siguiente tengo 120 disponibles, y así hasta 420, que son 60 por los 7 días de la semana. Así que yo (y Γιώργος también) pensaba que los lunes podía sacar 60, los martes 120, los miércoles 180, los sábados 360 y los domingos 420. Por tanto, como me mudaba un lunes, el sábado anterior fui a Caterini sacar los 360 a los que tenía derecho, para tener efectivo: al llegar tenía que pagar dos alquileres, el primero y el depósito, y 200 euros para el petróleo de la calefacción, pues vendrían a llenar el depósito uno de esos días. Y el martes, al día siguiente de instalarme en mi nueva casa, me recorrí toda la ciudad para ir hasta el banco y esperé una hora de cola en vez de ir al cajero porque quería actualizar la libreta también, ya que estaba. Le pedí a la simpática empleada 120 euros y muy amablemente y en un tono muy calmado me informó de que solo podía sacar 60, tras lo cual me invitó a dejar paso al siguiente cliente.
Me quedé a cuadros, y hasta pensé que alguien había sacado dinero en mi nombre, pero lo veía tan imposible que llamé al teléfono de atención al cliente del banco y la muchacha, esta vez sí, muy amable y servicial, me explicó que los 420 euros los podemos sacar cuando queramos, todos de golpe, una vez a la semana (es decir, puedo ir el primer día de la semana y sacarlos, y ya no puedo sacar más dinero en el resto de la semana); también me reveló que para los bancos las semanas no son de lunes a domingo, sino de sábado a viernes. Es decir, si el sábado saco los 420 euros de golpe, me tienen que durar hasta el viernes siguiente. Y como yo había sacado 360 € un sábado, me quedaban otros 60 esa semana.
Y esto es lo que tiene informarse por traducciones de traducciones (porque, obviamente, las fuentes de los medios españoles sobre Grecia están en inglés, traducidas a su vez del griego).
El sábado, por supuesto, invitamos a Roberto a comer y celebramos la inauguración oficial de mi casa. Por supuesto, como mediterráneos que somos, la fiesta de inauguración duró hasta la hora de la cena. Lo pasamos muy bien, y hasta tomamos té con gengibre que nos trajo Roberto.
Por cierto, que gracias a los medios españoles estuve una semana sin dinero recién mudada y con un montón de cosas que comprar. Menos mal que vino Γιώργος y tenía algo para prestarme. Me explico: Hasta el verano, la plataforma de ATresMedia no era de pago, así que veíamos por internet los programas de La Sexta (Salvados, En el aire, El objetivo), tanto en directo como grabados, y nos manteníamos informados. Así nos informamos de la imposición del corralito y del límite diario de 60 euros. Además, era justo cuando yo acabé las clases; si hubiera querido irme, no habría podido: estaba atrapada en Grecia. El caso es que, cuando cambiaron el límite de 60 euros diarios a 420 semanales, lo explicaron con el concepto de «acumulativos», es decir, puedo sacar 60 euros cada día, como antes, solo que si un día no los saco, al día siguiente tengo 120 disponibles, y así hasta 420, que son 60 por los 7 días de la semana. Así que yo (y Γιώργος también) pensaba que los lunes podía sacar 60, los martes 120, los miércoles 180, los sábados 360 y los domingos 420. Por tanto, como me mudaba un lunes, el sábado anterior fui a Caterini sacar los 360 a los que tenía derecho, para tener efectivo: al llegar tenía que pagar dos alquileres, el primero y el depósito, y 200 euros para el petróleo de la calefacción, pues vendrían a llenar el depósito uno de esos días. Y el martes, al día siguiente de instalarme en mi nueva casa, me recorrí toda la ciudad para ir hasta el banco y esperé una hora de cola en vez de ir al cajero porque quería actualizar la libreta también, ya que estaba. Le pedí a la simpática empleada 120 euros y muy amablemente y en un tono muy calmado me informó de que solo podía sacar 60, tras lo cual me invitó a dejar paso al siguiente cliente.
Me quedé a cuadros, y hasta pensé que alguien había sacado dinero en mi nombre, pero lo veía tan imposible que llamé al teléfono de atención al cliente del banco y la muchacha, esta vez sí, muy amable y servicial, me explicó que los 420 euros los podemos sacar cuando queramos, todos de golpe, una vez a la semana (es decir, puedo ir el primer día de la semana y sacarlos, y ya no puedo sacar más dinero en el resto de la semana); también me reveló que para los bancos las semanas no son de lunes a domingo, sino de sábado a viernes. Es decir, si el sábado saco los 420 euros de golpe, me tienen que durar hasta el viernes siguiente. Y como yo había sacado 360 € un sábado, me quedaban otros 60 esa semana.
Y esto es lo que tiene informarse por traducciones de traducciones (porque, obviamente, las fuentes de los medios españoles sobre Grecia están en inglés, traducidas a su vez del griego).
Otra cosa curiosa fue mi conversación con el cónsul español en Salónica. El mismo martes fatal, mientras esperaba mi turno en el banco, hice algunas llamadas que tenía pendientes, entre ellas llamar al cónsul para concertar una cita y hacer los papeles para votar por correo. De hecho, había ido hasta el consulado, en la otra punta, para ver una placa en la puerta que decía que solo se atendía con cita previa, y por supuesto nadie abrió la puerta cuando llamé al timbre. Pues cuando lo llamé por teléfono y sorteé la grabación marcando los números que me pedía (marqué el de «español» porque pensaba que sería español, como las competentes señoras de la Embajada en Atenas), me salió un griego chapurreando español que confirmó nuestra cita diciéndome: «Muy bjen, entonnces vvvámos a nos encondrar el próximo lunes». ¿Y este hombre es el encargado de realizar todo tipo de papeleo en español? En fin.
Y así llegó el día en que Γιώργος debía presentarse en Grevená. Esta mañana se ha levantado tempranísimo para ir a la estación de autobuses y yo aquí estoy, por primera vez viviendo sola oficialmente. Espero que Salónica resulte ser una ciudad interesante, porque si no me parece que voy a terminar odiándola. Seguiré informando.
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