Me he propuesto varios objetivos para cumplir durante mi estancia en Salónica (o en Grecia en general, pues de junio a agosto volveré(mos) a Atenas, no sé si lo he mencionado. El primero es prepararme para el examen de Traductor e Intérprete Jurado del Ministerio de Exteriores, cuya última convocatoria (para griego, siempre) salió en febrero de este año para mayo, y no me habría dado tiempo a prepararme ni aunque hubiera estado libre de clases. Otro asunto es que la tercera y última prueba fue el mes pasado, y que aún no han salido las listas de aprobados definitivos. ¿De verdad hace falta un año entero desde que se convoca el examen hasta que te dan el título?
El segundo objetivo es prepararme para otro examen: el de nivel C2 de griego. No es que tenga prisa, pues lo puedo hacer en Málaga cuando quiera; ventajas de que la UMA sea centro examinador oficial de los exámenes de nivel de griego. Pero así ya lo tengo preparado para cuando vuelva tranquilamente, y además la preparación de un examen me ayudará para la preparación del otro.
Un tercer objetivo, que es opcional por diversas razones, es encontrar trabajo, aunque no estoy muy convencida de poder conseguirlo, lo cual es una de las razones por las que lo he dejado en opcional. En realidad con cumplir los otros dos me es suficiente, ya que no tengo que preocuparme por el dinero. Luego hay otros objetivos más pequeños, como terminar de una vez Historia de Grecia, de Richard Clogg, o seguir subtitulando en mi canal de YouTube la serie y más canciones griegas, por lo menos de Mitropanos, que también me satisfaría cumplir.
Por supuesto, un objetivo que llevo cumpliendo desde que llegué a Atenas y que puedo seguir llevando a cabo aquí es leer literatura griega. El otro día busqué las bibliotecas que hay en Salónica y encontré la central, que está relativamente cerca de mi casa, en línea recta hacia el sur, y que tiene una delegación en la Ciudad Alta, a un rato de mi casa. Preferí ir primero a la central, que es la más grande, pero están en obras; aún se puede entrar pero dentro de poco la cerrarán definitivamente para terminar las obras. Así tendré una excusa para ir a la de la Ciudad Alta, más pequeña. En la central eché un vistazo y me hice socia para sacar un libro de relatos de Yorgos Ioanu: Η πρωτεύουσα των προσφύγων [La capital de los refugiados], que habla sobre Salónica, la ciudad donde nació y creció. Resulta que es la segunda parte de otro libro de relatos sobre Salónica, Το δικό μας αίμα [Nuestra propia sangre], así que cuando lo termine tendré que sacar ese también.
Por otra parte, el otro día me volví a acordar de mi querida embajada. Más que nada porque me llamó por teléfono la simpática funcionaria a la que había echado tanto de menos. Quería preguntarme por la dirección que había puesto en la solicitud del voto por correo. Que mucha gente estaba poniendo direcciones que no eran, o algo así. Como si los emigrados no tuviéramos nada mejor que hacer que avisarte a ti cada vez que nos cambiamos de casa. Me preguntó que dónde estaba ese Ayios Pavlos que ponía en mi solicitud y cuando le dije que ya no vivía en Atenas sino en Salónica me soltó que entonces tenía que haber puesto «Salónica» en el documento. Y le tuve que explicar a una funcionaria de embajada en Grecia que Ayios Pavlos está efectivamente pegado a Salónica, pero a efectos administrativos es otro municipio, otro ayuntamiento. «Me da igual que sea otro ayuntamiento, tú aquí tienes que poner que es Salónica, para que llegue». Como si en España tuviéramos que poner «Alcobendas, Madrid», suponiendo que Madrid se llamara solo la ciudad y no también la provincia. «Bueno, yo entonces te pongo aquí "Salónica". Es que como la dirección tuya que yo tengo aquí registrada es una de Atenas, por eso te llamaba». «Sí, le pregunté al cónsul si tenía que inscribirme aquí aunque ya lo estuviera en Atenas y me dijo que no hacía falta.» Y me suelta: «No, esa no pudo ser la pregunta porque esa no puede ser la respuesta». Sí, señor, bravo, así se atiende a la gente. Es verdad que, lo pensé después, a lo mejor el cónsul entendió que estaba inscrita en Atenas con la dirección de Salónica, pero eso no importa, ¿son esas formas de contestar una funcionaria, que se supone que es la que sabe, a una simple ciudadana? ¿Diciéndome que no le he podido preguntar eso y sin explicarme nada más? ¡Sabré yo lo que he preguntado!
Lo mejor viene ahora. Unos días después de esta conversación me llega un sobre a casa con remite de la embajada. Contenía la copia para el interesado de la solicitud de voto por correo que yo misma rellené en el consulado y que el cónsul había remitido a Atenas para que le pusieran el sello y de este modo hacerla válida. La buena señora no solo había puesto «Salónica» en el documento que selló y remitió a la Oficina del Censo Electoral de Málaga: también lo puso en la dirección del sobre que me envió. Repito: en un sobre que iba de Atenas a Salónica, envío nacional, va y pone «Salónica» en español. Y en el remite, la transcripción de la calle donde se encuentra la embajada estaba medio transliterada, medio transcrita al español: «Dionisiou Areopaguitou». ¿Me quieres decir de dónde sale la 'u'? Anda que si no me pareciera tan importante votar en estas elecciones iba yo a volver a mezclarme con las de la embajada.
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