jueves, 6 de noviembre de 2014

Ευτέρπη

En agosto fui con Γιώργος de vacaciones a Piería, que es donde está su pueblo (Nueva Trebisonda) y, al sur de este, la ciudad donde se crió hasta los doce años (Katerini):



Desde el pueblo fuimos al yacimiento arqueológico (más museo) de Díon, al sur de Katerini, que es la Olimpia del norte. Fue uno de los centros religiosos más importantes de la zona y albergaba un gran santuario dedicado a Zeus Olímpico, de ahí su nombre: en griego moderno Zeus se llama Δίας, que recuerda a la raíz del genitivo en griego antiguo: Διος (en nominativo era Ζευς). En Díon fue donde Alejandro Magno reunió a sus ejércitos antes de dirigirse hacia el oeste y empezar sus conquistas.

La familia de Γιώργος sobre el puente que ahora salva las dos orillas del templo.

Baños.

Otro día nos llegamos a Salónica, donde dimos una vuelta hasta la hora de comer y luego volvimos al pueblo. La ciudad estaba un poco muerta porque era sábado por la mañana, pero seguía igual de ερωτεύσιμη como yo la recordaba. Subimos a la Torre Blanca, vimos un graffiti (ya dije una vez que, por lo que he visto, el graffiti en Grecia es toda una institución, tanto el artístico como las frases de protesta; igual dedico una entrada a todas las fotos de graffitis que he reunido) muy chulo y descubrimos que en Salónica los trenes ¡suben y bajan escalones!




Una excursión que me gustó mucho también fue la de Metone (Μεθόνη): el tío de Γιώργος nos llevó a las excavaciones que se están realizando allí, pues por lo visto la región de Macedonia está prácticamente sin excavar; es ahora cuando se está empezando a descubrir el norte de Grecia. Como la excavación aún está en curso, vimos algunos secretos de estado como estatuas (gigantescas) y vasijas, muchas vasijas. Ese mismo día, además, fuimos a ver los restos de Pidna (Πύδνα), una pequeña ciudad junto al mar.



También nos encontramos a Simba, el nuevo rey de Pidna.

Por último, desde Katerini también fuimos al Olimpo, al mismísimo hogar de los dioses. La subida fue un poco dolorosa, porque surgió de improviso y yo no tenía calzado adecuado, así que me lo tuvieron que prestar, y ya se sabe que no es nada bueno ponerse calzado ajeno aunque sea de tu número (y este era además un número mayor) porque tiene la forma de otro pie. Pero en fin, en unas pocas horas llegamos al refugio, que estaba a media hora de la cumbre y donde repusimos fuerzas y descansamos para bajar al día siguiente. Durante la bajada nos cruzamos con bastante gente que subía, por ejemplo una pareja de española e ισπανομαθής que nos preguntaron si había ruinas en lo alto. Se te queda el cuerpo cortado después de escuchar tal aberración.


La subida.

Desde el refugio, a un rato de la cumbre.

Se me olvidaba: una tarde, paseando por Paralía, la playa de Katerini, nos topamos con el hotel de Leto, en griego el hotel-lito... que al final resultó que no era tan pequeño como parecía indicar el rótulo.

El Hotelito.


Luego, en septiembre, fuimos a Patras, donde vimos atardecer por detrás de la isla de Ítaca y visitamos el museo arqueológico, que nunca está muy concurrido porque se encuentra a las afueras de la ciudad pereo alberga muchísimas cosas interesantes.



El puerto de Patras

En Patras el sol se pone por detrás de Ítaca.

Por si no quedaba claro, aquí sí se nota que ahí está Ítaca.

Museo Arqueológico de Patras.

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