martes, 25 de noviembre de 2014

Ενυώ

En esta entrada voy a relatar la gran ταλαιπωρία en que ha consistido la apertura de una cuenta bancaria en un banco griego para una extranjera como yo, para que quede constancia de ello y otros extranjeros estén sobreaviso.

En primer lugar, cuando llegué en agosto quise ir a hacerme con un número de móvil griego y también con una cuenta bancaria griega, porque sabía que iba a hacerme falta para cobrar cada mes la beca y también porque tenía que sacar los seiscientos y pico euros que costaba el curso de griego en el Διδασκαλείο (ver entrada «Μελπομένη»). Pero cuando preguntamos al simpático empleado de la banca griega, nos dijo que necesitaba un documento de Hacienda (traducido oficialmente al griego, naturalmente) que indicase dónde, cómo y bajo quién cotizo, o si no cotizo. Como no íbamos a molestar a mis padres con eso, decidimos dejarlo hasta ver qué me decían en la Fundación y, efectivamente, me dijeron que nos darían a todos un documento para que fuéramos con él al banco y nos abrieran la cuenta fácilmente, sin los líos burocráticos (y traductológicos, incluso) que necesitaríamos sin ese documento.

Lo único era que para ese papel tendríamos que esperar un poco, por lo cual el primer pago (el correspondiente a septiembre; yo pensaba que septiembre no contaría puesto que las clases tanto en un sitio como en otro empezaban en octubre, pero también es verdad que nos habían dicho que llegásemos como muy tarde a Atenas el 10 de septiembre, para entregar papeles y hacer matrículas) nos lo harían con un cheque. Cuando estuvo listo nos avisaron y tuvimos que ir a buscarlo a la sede de la otra fundación, la que lleva el dinero: la Fundación Urani, sita en plena plaza Síndagma. De ahí fuimos a la sede central del Banco Nacional (Εθνική Τράπεζα), en la calle de Eolo, cerca de la plaza Omonia. Primero pasamos por la planta baja, aunque parecía un sótano, donde un señor nos hizo algo en los cheques y tuvimos que firmarlos. Luego subimos arriba, donde preguntamos por la señora por la que nos habían dicho que preguntáramos. La buscamos por todo el banco, que es bastante grande, de un sitio nos mandaban a otro y yo me acordaba cada vez más de Larra.

Cuando por fin alguien se dignó a atendernos (la susodicha señora resultó al final no estar aquel día en el trabajo), era una empleada que no tenía ni idea de cómo enfrentarse a aquella tarea y cada paso tenía que preguntarlo a sus compañeros de las mesas de alrededor. Cuando le di el DNI se quedó mirándolo y al cabo de un rato me preguntó si era una tarjeta sanitaria; ante mi respuesta negativa, me preguntó que cómo había podido entrar con aquello en Grecia (?). Luego, al copiar los datos, me preguntó si el número del DNI era el número que aparece abajo a la izquierda o el que sale entre el nombre y la fecha de caducidad (el código de la entidad expedidora). Cuando por fin se aclaró («Id a la caja a cobrar y traedme luego este papel, no, este otro, no, espera, el verde, no el azul, no, no me traigáis nada, no, a ver, me traéis todo y yo ya lo miro») fuimos a la caja a cobrar el dinero, más de mil euros en billetes de cincuenta, volvimos a su mesa, le dejamos una de las copias y nos fuimos, no fuera a retenernos y pedirnos más papeles.

Unos días después, nos dijeron en la Fundación que, como había cambiado la legislación, teníamos que ir a inscribirnos en Hacienda para indicar que vivimos y pagamos los impuestos (aunque no coticemos ni tengamos trabajo) aquí. Y para ello nos hacía falta el pasaporte (siempre nos decía «DNI, pasaporte o lo que tengáis», pero esta vez solo pasaporte), el permiso de residencia (para los que no fueran ciudadanos de la UE, como la chica serbia) y el contrato de alquiler del piso o bien un documento que certificase que alguien nos estaba acogiendo en su casa. Este segundo caso es el mío, pero no exactamente, pues la casa no es de Γιώργος sino de una tía suya, de modo que él no puede hacerme tal documento y tampoco queríamos molestar a su tía, después de que me hubiera hecho el favor de dejarme vivir en su casa. Así que solo quedaba la solución de ir a Patras, donde viven sus padres, y sacarme el ΑΦΜ allí.

Les pedí a mis padres que me enviaran el pasaporte por correo certificado; el sobre salió de España el 23 de octubre, según el registro del sitio web de correos. Mientras llegaba, los otros compañeros me dijeron que ellos lo habían hecho con el DNI, que no hacía falta que usara el pasaporte. Al menos sería más fácil y no me preguntarían si era una tarjeta sanitaria. Pero el sobre no llegaba y no podíamos ir a Patras, así que, mientras a los demás les ingresaron el dinero de octubre en sus cuentas bancarias recién abiertas, a mí me volvieron a dar un cheque para que fuera a cobrarlo perdiendo media mañana como la vez anterior. En esta ocasión, por lo menos, ya sabía adónde ir y no tuve que recorrerme todo el banco. Me atendió un señor que, cuando le di el cheque y el DNI, se puso a llamar por teléfono para preguntar si me podía dar el dinero. Como si hubiera ido a cobrar sin poder recibirlo. «Ha venido una chica a cobrar un cheque... Y me ha dado una tarjeta... No es un DNI, ¿no?», me preguntó. ¿Y estos griegos que se piensan que los españoles vamos a los bancos a cobrar cheques con el carné de la biblioteca? Al final lo convencieron desde el otro lado del teléfono de que podía darme el dinero y me mandó a la caja, donde la amable señora decía que sin datos no podía darme el dinero y me envió al director, que me preguntó mi dirección y mi móvil y me volvió a mandar a la caja. Otro dineral en efectivo.

Como el sobre no llegaba, el día 14 de noviembre (casi un mes después de que lo enviasen) decidimos ir a Patras y pasar el fin de semana, hasta el lunes, pues no había clases porque era el aniversario de los sucesos de la Politécnica. En la delegación de Hacienda de Patras, adonde fuimos Γιώργος, su padre y yo, únicamente tuve que rellenar un documento con mis datos personales y poner como dirección la de los padres de Γιώργος en Patras; no le pidieron a su padre que firmase nada. Lo único es que a buena señora tuvo que imprimir el mismo documento tres veces porque la primera vez me puso SULIA (como si mis jotas mayúsculas llevaran a equívoco y como si no tuviera también mi DNI, con letras impresas, para comprobarlo, que lo miró) y la segunda vez me puso un ocho al final del número del DNI, como si mis bes mayúsculas parecieran números y como si de nuevo no hubiera podido mirarlo en el DNI.

Cuando el lunes por la noche volvimos de Patras, vimos en el portal el aviso de Correos para que fuera a buscar el sobre con mi pasaporte. Tiene gracia.

Por fin, esta mañana (25 de noviembre [!]), después de diversas vicisitudes que referiré en sucesivas entradas, hemos ido al banco a abrir la dichosa cuenta. Como el ΑΦΜ lo había sacado en Patras, he tenido que dar la dirección de los padres de Γιώργος  y hacer como que vivía allí, y como el certificado de la Fundación dice que estudio en la Academia de Atenas, hemos liado a la pobre chica diciéndole que a veces veníamos a Atenas. Al final resulta que podía haber abierto la cuenta en Patras, pero como en la Fundación nos habían dicho que fuésemos a la sucursal central de la calle de Eolo tanto para cobrar el cheque el primer mes como para abrirnos la cuenta, no se me había ocurrido desobedecer tal orden directa. También nos habían dicho que debíamos buscar en la sucursal a una señora concreta para que nos lo hiciera todo, pero al final la cuenta me la ha abierto otra chica. Y para la tarjeta tendré que volver a Patras, porque me ha dicho que, como se envía por correo a la dirección indicada por el cliente, es mejor ir a pedirla allí para que no se pierda por el camino; Atenas-Patras es toda una Odisea.

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