A principios de septiembre fui al Διδασκαλείο Ελληνικής Γλώσσας a matricularme en las clases de griego. Fui justo después de pasarme por el banco y pagar el curso: 670 euros; era lo que me había dicho Antonio, el que hizo el mismo programa hace dos años y que las clases de griego las tenía todos los días, tres horas cada mañana. Y como de la fundación no me habían dado otras (ningunas) instrucciones, seguí las de Antonio.
En la secretaría me dijeron que hiciera el examen de nivel el día 26 de septiembre, para ver si mi nivel era C1 o C2. Yo estaba segura de que era C1, pero tampoco me costaba ir a hacer el examen. Este consistía en ciento cuarenta preguntas de tipo test, con cuatro opciones; cada pregunta era una frase con un hueco en el que había que elegir la correcta forma conjugada del verbo, el caso correcto del sustantivo o del adjetivo, y cosas así. Me hizo mucha gracia cuando llegué a una que decía «Ο Γιώργος με κουράζει πάντα, όταν μιλάει συνέχεια» («Γιώργος me cansa cuando habla todo el rato»). En general lo hice bastante bien: las contesté todas y solo tuve dudas en tres o cuatro. La otra parte del examen era escribir una redacción describiendo nuestro físico, nuestra personalidad y nuestros gustos, para enviarlo a una página web para conocer gente. Ya ves tú.
Después, cuando fui a la fundación, la secretaria me explicó que «quizá sería mejor» o «tal vez bastaría» que me matriculase en las clases que son dos veces por semana, en lugar de todos los días, porque este año tendríamos más trabajo que los compañeros de otras promociones. Así que tuve que ir a preguntar al Διδασκαλείο si era posible cambiar el programa de clases en que me había matriculado. Afortunadamente, sí lo era, y me dieron un número de teléfono para llamar y que me devolvieran la diferencia del importe del curso, que vale 330 euros. La semana pasada llamé, el 5 de noviembre, y me dijeron que aún no estaba disponible mi dinero, que llame en una semana. En fin.
Las primeras clases de griego eran muy aburridas, tanto para mí como para los otros chicos que estamos en el programa de la fundación (Juan, el de Rodas, una serbia, una polaca, un italiano y yo). La profesora (a la que yo llamo Chochorú, que es como se pronunciaría su apellido en español) nos dijo a las dos semanas que igual convendría dividir la clase en dos grupos, es decir, en un nivel C1 y en un C2. Qué bien, ahora resulta que me aburría porque el nivel que tengo es un C2. No sé yo...
El caso es que desde que estamos separados nos cunde más (aunque nosotros nos seguimos aburriendo; por lo visto pasa todos los años: somos traductores, sabemos griego, solo necesitamos mejorar el nivel) y ya no hay gente que haga preguntas absurdas (absurdas para el nivel que es). Cada semana o cada dos nos manda escribir una redacción; las dos que he escrito hasta ahora las he colocado en «Οι εκθέσεις μου» con imágenes y todo.
En la secretaría me dijeron que hiciera el examen de nivel el día 26 de septiembre, para ver si mi nivel era C1 o C2. Yo estaba segura de que era C1, pero tampoco me costaba ir a hacer el examen. Este consistía en ciento cuarenta preguntas de tipo test, con cuatro opciones; cada pregunta era una frase con un hueco en el que había que elegir la correcta forma conjugada del verbo, el caso correcto del sustantivo o del adjetivo, y cosas así. Me hizo mucha gracia cuando llegué a una que decía «Ο Γιώργος με κουράζει πάντα, όταν μιλάει συνέχεια» («Γιώργος me cansa cuando habla todo el rato»). En general lo hice bastante bien: las contesté todas y solo tuve dudas en tres o cuatro. La otra parte del examen era escribir una redacción describiendo nuestro físico, nuestra personalidad y nuestros gustos, para enviarlo a una página web para conocer gente. Ya ves tú.
Después, cuando fui a la fundación, la secretaria me explicó que «quizá sería mejor» o «tal vez bastaría» que me matriculase en las clases que son dos veces por semana, en lugar de todos los días, porque este año tendríamos más trabajo que los compañeros de otras promociones. Así que tuve que ir a preguntar al Διδασκαλείο si era posible cambiar el programa de clases en que me había matriculado. Afortunadamente, sí lo era, y me dieron un número de teléfono para llamar y que me devolvieran la diferencia del importe del curso, que vale 330 euros. La semana pasada llamé, el 5 de noviembre, y me dijeron que aún no estaba disponible mi dinero, que llame en una semana. En fin.
Las primeras clases de griego eran muy aburridas, tanto para mí como para los otros chicos que estamos en el programa de la fundación (Juan, el de Rodas, una serbia, una polaca, un italiano y yo). La profesora (a la que yo llamo Chochorú, que es como se pronunciaría su apellido en español) nos dijo a las dos semanas que igual convendría dividir la clase en dos grupos, es decir, en un nivel C1 y en un C2. Qué bien, ahora resulta que me aburría porque el nivel que tengo es un C2. No sé yo...
El caso es que desde que estamos separados nos cunde más (aunque nosotros nos seguimos aburriendo; por lo visto pasa todos los años: somos traductores, sabemos griego, solo necesitamos mejorar el nivel) y ya no hay gente que haga preguntas absurdas (absurdas para el nivel que es). Cada semana o cada dos nos manda escribir una redacción; las dos que he escrito hasta ahora las he colocado en «Οι εκθέσεις μου» con imágenes y todo.
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